Historia de la Silla de Ruedas

Los problemas de locomoción y de movilidad reducida siempre han estado presentes en la historia de la Humanidad y la búsqueda de soluciones eficientes no ha sido algo exclusivo de las sociedades modernas. Hacia el 4.000 a. de C. se inventaron tanto la rueda como la silla y se cree que desde un principio existió cierta conexión entre ambos elementos. Con todo, la primera representación gráfica de uno de estos dispositivos de movilidad se remonta al 525 a. de C. y a un grabado chino en el que aparece un asiento con tres ruedas. 

También en la Antigüedad Clásica se emplearon estas herramientas de movilidad. El uso de sillas de ruedas para el traslado de enfermos es algo que aparece presente en las crónicas griegas y romanas desde el siglo II a. de C. Sin embargo, aquellas primeras sillas se parecían más a una carretilla que al concepto que tenemos en la actualidad. 

Aunque el origen de la silla de ruedas moderna es un tanto difuso, se cree que fue el monarca español Felipe II el que impulsó su desarrollo, allá por el siglo XVI. El monarca tenía dificultades de movilidad como consecuencia de la gota y la artrosis y habría encargado a un inventor de identidad desconocida la fabricación de un asiento provisto de ruedas que le permitiera desplazarse con mayor facilidad. 

Vendrían después los inventos de Stephen Farfler, John Dawson y los modelos más arcaicos de sillas provistas de cuatro y tres ruedas evolucionarían hasta los vehículos autopropulsables que conocemos en la actualidad. La invención de la bicicleta, las ruedas de goma y los aros de propulsión radiados serían el punto de inflexión que permitiría, ya a partir del siglo XX, la fabricación de sillas monitorizadas y su evolución hasta los dispositivos eléctricos más modernos. 

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